En el norte y durante el invierno, es frecuente que durante días, a veces semanas, una lluvia mansa y fina caiga sobre los campos y las ciudades. “Orballo”, “calabobos”, “sirimiri”… son algunos de los nombres con los que se conoce a esta lluvia persistente y aparentemente de poco efecto, pero que como todos los paisanos saben, es realmente la que hace que los prados y los montes se empapen, y retengan durante largo tiempo la humedad que los mantiene fértiles y lozanos.


