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martes, 16 de junio de 2026
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Philippe Jaroussky: Cristo se hizo voz

cdsdvds  Philippe Jaroussky: Cristo se hizo vozHistóricamente, la forma cantata ha ido siempre muy ligada al oficio religioso en la iglesia luterana. No en vano, fue una influencia fundamental en el nacimiento del canto góspel al otro lado del Atlántico. En tiempos de Johann Sebastian Bach (1685-1750), lo habitual era componer cantatas para coro y órgano como único acompañamiento de las voces, pues la sonoridad de las cuerdas (violas y violines, sobre todo) podía ser acusado en ocasiones de motivar en el oyente indecorosas sensualidades impropias de un contexto que, por el contrario, tendía idealmente a la austeridad, la meditación y el recogimiento.

El joven contratenor francés Philippe Jaroussky ha sabido dotar de aquella sensibilidad a una música aparentemente alejada de esa intención, según se resuelve en sus particulares versiones de varias cantatas sacras escritas por Georg Philipp Telemann (1681-1769) y el citado Bach. Tomando el evangelio de San Mateo como base espiritual, ambos músicos recrearon la pasión de Cristo por medio de dos lenguajes expresivos muy distintos entre sí pero que, en boca de Jaroussky, adquieren una inusitada carnalidad que subraya el lado más humano del mesías redentor.

Acompañado por la Freiburger Barockorchester –bajo la dirección de Petra Müllejans–, Jaroussky nos presenta aquí dos miradas muy contrastadas entre Bach y Telemann. La del primero se ciñe más a una emotiva contención sentimental, remarcando los miedos del protagonista entre la incertidumbre de un Más Allá y la duda existencial que le infunde el merecimiento de la tan prometida Gloria a cambio del sacrificio que le espera. El arte de Bach hace hincapié en ello en varias arias de Vergnügte Ruh, beliebte Seelenlust, donde el órgano suple el papel de la telúrica voz de Dios mientras que el oboe se encarga de exteriorizar el sufrimiento cristiano. Es tal la afinidad de Ann-Kathrin Brüggemann con los versos que canta Jaroussky que, mediante su plañidera interpretación, consigue convertir el sonido del oboe en el frágil hálito de vida del pathos humano de Cristo, antes de cerrar dicha cantata con un feliz diálogo con el órgano al tiempo que el Jesucristo de Jaroussky parece aceptar con alegría su condición expiatoria de todos los pecados de la humanidad. Ésta será también la filosofía que trascienda en Ich habe genug, constituida alrededor de una nana tradicional (Schlummert ein, ihr matten Augen) que se integra a la perfección con las emotivas palabras con que San Mateo describe el calvario de Cristo. Que sea una canción de cuna el principal eje vertebrador de esta obra de Bach no es algo caprichoso, pues se asume con su melodía que el alma cristiana se va abandonando placenteramente al sueño eterno.

Las otras dos elecciones de Telemann que componen el disco en cuestión se sitúan en el polo expresivo opuesto, incorporando un mayor colorido pese a que su música se inspire en la agonía de Cristo en el Monte de los Olivos. La distancia emocional que exige la contrición bachiana se pierde aquí en beneficio de una mayor creatividad expresiva, hasta el punto de resaltar muchos matices psicológicos en la expresión de dolor y gozo en el Cristo que encarna Jaroussky. Así, el contratenor hace brillar los significados metafóricos de la noche por medio de tensos silencios o con un tibio tremolo para ejemplificar su temor. Los oboes (de Anke Nevermann y, de nuevo, Ann-Kathrin Brüggermann) y el violín solista ejecutado por el propio Müllejans secundan la angustia de Cristo en el Jardín de Gethsemané augurando su crucifixión. Si bien en Die Stille Nacht se describe la premonición de los clavos atravesando sus huesos, en el aria Mein Liebster Heiland admite con optimista entrega y sin resignación su condición sacrificial, antes de llegar la exultante alegría que cierra la obra que es, también, el momento de su transubstanciación. Cuando Jaroussky termina con el último suspiro de Cristo en la cruz, la orquesta calla por completo para sepultarse en el silencio de modo repentino, dejando en el ambiente un extraño vacío que parece haberse llevado consigo el cantante y su séquito. Esa extraña sensación es la demostración genial del logro con que la versión de Jaroussky destaca sobre otros acercamientos a las cantatas sacras de Bach y Telemann.

El estuche de estas Sacred Cantatas contiene, además, un DVD con un making off dirigido por Guillaume L’hôte que documenta a lo largo de 23 minutos el proceso de grabación del disco.

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