
Un ya lejanísimo 22 de febrero de 1987, la Sala Olimpia de Madrid acogía el estreno de la primera ópera de Jorge Fernández Guerra, Sin demonio no hay fortuna, que ponía música a una reactualización del mito de Fausto ideada por Leopoldo Alas. Pocas personas han mostrado en nuestro país tanto interés por la ópera contemporánea en general, y por la española en particular, como el compositor madrileño, que en el modesto tríptico que acompañó a las cuatro representaciones de su obra recordaba que la ópera es “un tema muy serio y a menudo mortal”, a pesar de haber salido indemne de la maldición de Antonio Peña y Goñi, que él mismo parafraseaba y en la que el crítico musical comparaba en 1881 la ópera española con “las fatales emanaciones del manzanillo: ha producido la muerte de cuantos a ella se acercaron”.
Ampliar la noticia en www.elpais.com


